
Hoy por hoy, el mundo en que vivimos, se encuentra hostigado por la exorbitante influencia de los diversos medios de comunicación, quienes ejercen una participación “enérgica” sobre el diario vivir de toda una sociedad.
Muchas veces, en el círculo social en el que abordamos diariamente, escuchamos hablar sobre la “mala influencia” de los medios de comunicación sobre nuestros jóvenes, con la presentación televisiva de algunos programas de temas para adultos, temas que enfrenta la sociedad actualmente (drogas, adicciones, maltrato, violencia, sexo, narcotráficos, entre otras); y sin embargo no tomamos en cuenta el ¿de qué manera interpretan estos mismos jóvenes los mensajes transmitidos, que deberían ser para “personas con criterio formado” (donde a la edad de 16, 17 18, 19 años, ya debería existir al menos un 75% de indemne criterio)?.
Tomando como base lo anterior, se podría llegar a concluir que si de televisión hablamos, la misma podría ser un espacio abierto para enseñar y transmitir conocimientos a quienes la utilizan, pero a su vez, es también un estudiante del público, ya que aprende de las llámense así: “críticas constructivas” de la tele audiencia.
En conclusiones precisas y ligeras, todos y cada uno de los medios de comunicación cumplen con la función que se les es asignada: “informar”; por tanto, la información recopilada de los mismos llega a ser beneficiosa o no para los jóvenes, dependiendo de la manera en la cual, éste pueda asimilarla, entenderla e interpretarla. Del mismo modo, podrá definir su capacidad mental para ser seducido por las cosas negativas o positivas con las que se topa diariamente y reconocer la formación de sus ideas y criterios como dueño de su propia madurez.
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